Caída del pelo al final del verano: cuándo es normal y cuándo conviene consultar

¿Se cae más el pelo al final del verano? Te explicamos cuándo es un recambio normal, cuándo hablamos de efluvio telógeno y cuándo conviene consultar.

No hay una respuesta única, la verdad. Depende de cuánto pelo se cae, desde hace cuánto tiempo y de qué otras cosas lo acompañan. Vamos por partes.

¿Realmente se cae más el pelo al final del verano?

A algunas personas sí les pasa. Notan que, al llegar septiembre, el pelo se les cae con más facilidad durante unas semanas, y luego el ritmo vuelve a su cauce. Es algo que se comenta mucho, casi como un tópico de la vuelta al cole, pero conviene no simplificarlo demasiado.

Porque no le pasa a todo el mundo. Ni con la misma intensidad. Hay quien no nota absolutamente nada distinto y hay quien, año tras año, ve el mismo patrón repetirse casi con puntualidad. La variabilidad de una persona a otra es grande, así que atribuir automáticamente cualquier caída de estas semanas al calendario puede llevar a pasar por alto otra causa que simplemente ha coincidido en el tiempo.

Cómo funciona el ciclo del cabello

Para entender por qué el pelo se cae ahora por algo que quizá ocurrió meses atrás, ayuda tener una idea de cómo funciona su ciclo. Cada folículo va a su ritmo, más o menos independiente de los de al lado, y pasa por varias etapas.

Primero está la fase anágena, que es la de crecimiento activo; puede durar años y es la fase en la que está la mayoría del pelo de una cabeza sana. Después viene una etapa breve de transición, la catágena, en la que el folículo se va preparando para frenar. Y por último llega la fase telógena, la de reposo, en la que el folículo deja de producir y el pelo se queda ahí, esperando, antes de desprenderse y dar paso a uno nuevo.

Lo que mucha gente no sabe —y que explica bastante confusión— es que el pelo que se cae hoy pudo entrar en esa fase de reposo semanas o incluso meses antes. Así que si en primavera o a principios de verano pasó algo que alteró el ciclo, es perfectamente posible que sus efectos se vean ahora, en pleno otoño, con ese desfase de por medio.

Recambio estacional, efluvio telógeno o alopecia: no es lo mismo

Aquí es donde conviene ir con cuidado con las palabras, sin que esto sustituya en ningún caso una valoración individual, que corresponde a quien te examine.

El recambio estacional sería ese aumento leve y pasajero de la caída que algunas personas notan en ciertas épocas del año, sin que haya detrás una causa concreta más allá del propio ritmo del ciclo capilar.

El efluvio telógeno es distinto, y es un término que probablemente hayas escuchado antes sin saber muy bien qué significa. Describe una caída de pelo difusa —repartida por toda la cabeza, no concentrada en un punto— que suele aparecer entre dos y tres meses después de que ocurriera algo que alteró el ciclo. Y ese «algo» puede ser bastante variado: un episodio de estrés fuerte, ya sea físico o emocional; una fiebre alta, una infección o una cirugía; haber perdido peso muy rápido o haber hecho una dieta demasiado restrictiva; un déficit de hierro u otro problema nutricional; cambios hormonales; el posparto; alteraciones del tiroides; o el efecto de ciertos medicamentos.

Y luego está la alopecia propiamente dicha, que engloba procesos distintos —la androgenética, que sigue un patrón determinado, o la areata, que se presenta en placas— y que sí requiere una valoración específica y, muchas veces, un seguimiento más largo.

Lo interesante del efluvio telógeno, y lo que lo diferencia de una caída puntual, es que obliga a mirar hacia atrás. Hay que relacionar lo que pasa ahora con lo que ocurrió en los meses anteriores, no solo con la última semana.

Preguntas que merece la pena hacerse

Antes de sacar conclusiones apresuradas, puede ayudar pararse a pensar un poco.

  • ¿La caída se reparte por toda la cabeza o se nota más en una zona concreta?
  • ¿Se ha notado menos densidad, esa sensación de que el pelo «pesa menos» en la mano?
  • ¿La raya se ve más ancha que antes?
  • ¿Han aparecido entradas marcadas o alguna zona sin pelo?
  • ¿Hay picor, dolor, descamación o la piel se ve enrojecida? 
  • ¿Desde cuándo dura esto, exactamente?

Y algo que se pasa por alto con frecuencia:

  • ¿se están cayendo también las cejas o el vello de otras zonas del cuerpo?

Ninguna de estas preguntas da un diagnóstico por sí sola, pero ayudan mucho a la hora de explicarle a un profesional lo que está pasando.

Cuándo conviene pedir cita con el dermatólogo

Hay señales que no conviene dejar pasar esperando a que «se arregle solo». Tiene sentido pedir cita cuando la caída es intensa o se mantiene más de dos o tres meses; cuando aparecen zonas sin pelo bien delimitadas; cuando la densidad baja de forma rápida y se nota a simple vista; cuando el cuero cabelludo duele, está inflamado o presenta alguna alteración visible; cuando la caída viene acompañada de cansancio, palidez, cambios de peso u otros síntomas generales; o cuando hay antecedentes familiares de alopecia y el patrón parece estar avanzando.

Nada de esto es un diagnóstico cerrado desde aquí. Es, simplemente, una señal de que ha llegado el momento de que alguien con formación específica lo examine de cerca.

¿Hace falta tomar un suplemento anticaída?

Esta es, con diferencia, la pregunta que más se repite en el mostrador. Y la respuesta honesta es: depende, no es un sí para todo el mundo.

Los suplementos —biotina, hierro, zinc, y la lista sigue— tienen sentido cuando hay un déficit confirmado, una ingesta insuficiente de algo concreto, o una indicación clara después de una valoración. Tomar hierro sin haber comprobado antes que hace falta no es buena idea, entre otras cosas porque el exceso de hierro también tiene sus propios riesgos, no solo su defecto.

Con la biotina hay un matiz que se suele pasar por alto: tomada en dosis altas puede interferir con ciertas pruebas de laboratorio, sobre todo las relacionadas con la función tiroidea, y dar resultados que no reflejan lo que realmente le pasa a la persona. Así que si tomas suplementos con biotina, coméntalo antes de hacerte una analítica; puede evitar confusiones innecesarias.

Y hay que decirlo con claridad: ningún suplemento corrige por sí solo una alopecia androgenética, ni resuelve todas las causas posibles de un efluvio. Puede ser un apoyo, sí, pero en el contexto adecuado, no como primera y única medida.

Mientras se estudia la causa, ¿qué se puede hacer?

Hay cuidados razonables que no está de más aplicar mientras se aclara qué está pasando. Cuidar que la alimentación incluya suficiente proteína y micronutrientes, evitar las dietas muy restrictivas —sobre todo las improvisadas—, tratar el pelo con cierta suavidad, no abusar de peinados que tiran mucho de la raíz, mantener el cuero cabelludo limpio con un producto que se ajuste a tu tipo de piel, y evitar estar cambiando de champú cada dos semanas, porque así es imposible saber si algo está funcionando o no.

Una idea sencilla que suele ayudar: hacer alguna foto de la raya o de las entradas, siempre con la misma luz, de vez en cuando. Con el tiempo permite comparar de forma más objetiva que la memoria.

Eso sí, conviene tener claro que cortarse el pelo o cambiar de champú no cambia por sí solo el ciclo del folículo. Puede mejorar el aspecto o la sensación al peinarlo, pero no actúa sobre la causa de fondo.

Qué podemos mirar desde la farmacia

En Farmacia Martel podemos hacer una primera orientación que, sin sustituir la consulta con el dermatólogo, te puede ayudar a decidir el siguiente paso. Eso pasa por revisar contigo desde cuándo dura la caída y qué patrón sigue, echar un vistazo al estado del cuero cabelludo, repasar tratamientos, suplementos y acontecimientos recientes que puedan tener relación, orientarte sobre qué cuidados cosméticos tienen sentido en tu caso, y detectar las señales que aconsejan derivarte sin esperar más.

En algún caso puntual, y siempre con receta médica de por medio, puede plantearse una fórmula magistral individualizada como parte del tratamiento. No es algo automático ni pensado para todo el mundo, sino una herramienta que tiene sentido cuando responde a una necesidad concreta de esa persona.

En resumen

Que aparezca más pelo en el cepillo al terminar el verano no significa, necesariamente, que haya una alopecia detrás. En bastantes personas forma parte de un recambio capilar más o menos habitual en esta época del año. Pero cuando la caída se alarga, se concentra en una zona o va acompañada de una pérdida de densidad que se nota a simple vista, sí merece la pena que alguien lo revise.

En Farmacia Martel podemos realizar una primera orientación farmacéutica y ayudarte a decidir cuál es el siguiente paso.

Farmacia Martel
Calle José Ortega y Gasset, 47. Madrid
Teléfono: 914 028 375

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura la caída estacional del cabello?
Normalmente son varias semanas, no algo permanente. Si se alarga más de dos o tres meses sin remitir, mejor consultarlo.

¿Es normal perder más pelo en septiembre?
A algunas personas les pasa, pero no a todas ni con la misma intensidad. No conviene darlo por hecho sin más.

¿Un champú anticaída puede frenar el problema?
Puede acompañar otros cuidados y ayudar al cuero cabelludo, pero no actúa sobre la causa de fondo de una caída importante ni sustituye una valoración cuando hace falta.

¿Debo tomar biotina o hierro?
Solo si se confirma que hay una necesidad real. Tomarlos sin esa confirmación no está justificado, y en el caso de la biotina en dosis altas puede alterar los resultados de ciertas analíticas.

¿Cuándo debería acudir al dermatólogo?
Si la caída es intensa, dura más de dos o tres meses, aparecen zonas sin pelo, la densidad baja de forma notable, o hay picor, dolor o inflamación en el cuero cabelludo.

Fuentes consultadas

1. Fundación Piel Sana, Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) — efluvio telógeno: https://aedv.fundacionpielsana.es/wikiderma/efluvio-telogeno/
2. Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV): https://aedv.es/
3. AEMPS — carta a profesionales sanitarios sobre la interferencia de la biotina en pruebas de función tiroidea (vía CIMA-AEMPS y notas de farmacovigilancia).

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